Jesus histórico

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Jesus histórico

Mensaje por Hades el Dom Oct 31, 2010 8:57 pm

John E. Remsburg, en su libro clásico El Cristo: una Revisión y Análisis Críticos de la Evidencia de Su Existencia (Empresa el Buscador de la Verdad, Nueva York, ninguna fecha, pp. 24-25), pone en una lista a los escritores siguientes quien vivieron durante el tiempo, o dentro de un siglo después del tiempo en que, se supone, ha vivido Jesús:


Flavio Josefo (n. 37-38 – Roma, 101)


Philo-Jud æ Nosotros (siglo I)

Lucio Anneo Séneca (Córdoba, 4 a. C.- Roma, 65)


Plinio el Viejo (Italia, 23 - Estabia 79)


Lucio Flavio Arriano (86 - 175)


Cayo o Tito Petronio Árbitro (20 d. C. - 65)

Dion Pruseus (siglo I)

Marco Veleyo Patérculo (c. 19 a. C. - c. 31)

Gayo Suetonio Tranquilo (c. 70 - c. 140)


Décimo Junio Juvenal (Aquino 60 d. C. -Roma, 128 d. C.)

Marco Valerio Marcial (Bílbilis 40 – ibídem, 104)


Aulo Persio Flaco (Volterra, Etruria, 34 d. C. – Roma, 62 d. C.)


Mestrio Plutarco (Grecia, h. 46 - id., h. 120)


Plinio el Joven (Italia, 62 - Bitinia, 113 aprox.)


Cornelio Tácito (c. 55 – 120)


Justus de Tiberius (siglo I)

Apolonio de Tiana (Tiana, Capadocia, 3 a. C. – Éfeso, ca. 97 )


Marco Fabio Quintiliano (Calagurris 39 – Roma, c. 95)


Marco Anneo Lucano ( 39 d. C. Corduba - 65 en Roma, Italia.)


Epicteto (Hierápolis, 55 – Nicópolis, 135)


Hermogones (siglo II)

Tiberio Catio Asconio Silio Itálico (25 - Campania, 101)


Estacio (Nápoles, circa 45 - Roma, 96)


Claudio Ptolomeo (Tolemaida, Tebaida, c. 100 – Cánope, c. 170)


Apiano (Alejandría, Egipto, c. 95 d. C. – c. 165 d. C.)

Flegón de Trales (Grecia, siglo II d. c.)

Ph æ Drus

Publio Valerio Máximo (s I a. C.-s. I)

Luciano de Samósata (Samosata, Siria, 125 - 181)


Pausanias (siglo II)

Lucio Anneo Floro (siglo I-siglo II)

Quinto Curcio Rufo (siglo I)

Aulo Gelio (siglo II)

Dion Crisóstomo (c. 40–c. 120)

Lucius Junius Moderatus (Columela) (Gades 0 d. c. - Tarento, 60-70 d. C.)


Cayo Valerio Flaco (Setia o Padua, h. 45 - ¿?, h. 90)

Damis (siglo I)

Favorinus (80 - 160 d.c.)

Lysias (siglo II)

Pomponio Mela (siglo I)

Apión de Alejandría (c. 20 a. C. - c. 45-48 d.C.)

Theon de Smyrna



Según Remsburg, " Bastante las escrituras de los autores nombrados en la lista precedente permanecen para formar una biblioteca. Aún en esta masa de literatura judía y Pagana, aparte de dos pasajes falsificados en los trabajos de un autor judío, y dos pasajes discutidos en los trabajos de escritores romanos, no se encuentra ninguna mención de Jesucristo. "Ni, podemos agregar, cualesquiera de estos autores hacen la nota de los Discípulos o Apóstoles - aumentando de la vergüenza del silencio de la historia acerca de la fundación de cristianismo.
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El Testomonium Flavianum

Mensaje por RamonFr el Sáb Nov 27, 2010 1:21 am

Los escritos paganos aducidos como prueba de la existencia de Cristo se reducen al Testimonium flavianum, un simple párrafo de las Antigüedades judaicas de Flavio Josefo, que si bien nació en el año 37, o sea un poco después de la muerte de Cristo, a quien por lo tanto no pudo conocer, por lo menos era judío de Palestina y hablaba arameo. Y no hay más que ese párrafo de ese libro terminado en el año 13 de Domiciano, o sea el 93 de la era cristiana y escrito en griego. Sobra seguir citando a Suetonio, a Tácito y a Plinio el Joven, que eran romanos y no judíos, que no vivieron en Palestina, que escribieron después del año 100 en latín, y que si mencionan las palabras Crestus o Crísto o cristiano en sus escritos es de pasada y porque las han oído quién sabe dónde y por boca de quién sabe quién.
El Testimonium flavianum es el siguiente párrafo del libro 18 de las Antigüedades judaicas, cuyo tercer capítulo empieza hablando de una sublevación de los judíos contra Pilatos y continúa diciendo: "Por esta época vivió Jesús, un hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre pues fue el artífice de obras maravillosas, y maestro de quienes quieren recibir la verdad. Tuvo muchos seguidores judíos y helenizados. Fue el Cristo y cuando Pilatos, por instigación de los principales entre nosotros, lo condenó a la cruz, los que lo querían no lo olvidaron pues se les apareció vivo al tercer día según lo habían anunciado los profetas divinos junto con otras mil cosas maravillosas más referentes a él; y la tribu de los cristianos, así llamados por él, continúa hasta la fecha" (Antigüedades 18,3,63-64). Del Testimonium flavianum sabemos por primera vez por Eusebio que cita el párrafo completo en su Historia eclesiástica (1,11), obra escrita entre el 312 y el 324. Ninguno de los escritores cristianos anteriores a él lo conoce, ni siquiera Orígenes (c185-c254) que en tres ocasiones con ligeras variantes (Comentario sobre Mateo X,17 y Contra Celso 1,47 y 11,13) se refiere a la pasajera mención de Jacobo el hermano de Jesús en las Antigüedades judaicas ya mencionadas. Así dice Orígenes en el Comentario sobre Mateo (x,17): ''Y era tan grande la reputación de Jacobo entre el pueblo por su rectitud que Flavio Josefo, que escribió las Antigüedades judaicas en veinte libros, cuando quiere dar la causa de que el pueblo tuviera que sufrir tan grandes desventuras hasta el punto de que el templo fue destruido, dice que fue la ira de Dios por lo que se atrevieron a hacerle a Jacobo el hermano de Jesús llamado Cristo. Pero lo notable es que aunque Josefo no acepta a Jesús como Cristo, sin embargo da testimonio de la gran rectitud de Jacobo y dice que el pueblo pensaba que habían sufrido estas desgracias por él". Lo notable para mí son dos cosas: que Orígenes diga que 'Josefo no acepta a Jesús como Cristo", con lo cual probamos que no conoció el Testimonium flavianum, cuya esencia es esta afirmación; y que en ningún lado de las Antigüedades judaicas tal como las tenemos hoy se dé como causa de la destrucción del templo la ejecución de Jacobo, aunque Josefo sí nombra a éste y precisa que es "el hermano de Jesús el llamado Cristo" pero de paso, sin darle mayor importancia (Antigüedades 20,9,200). Así que la copia de las Antigüedades que consultó Orígenes tenía algo que no tienen las copias nuestras actuales, y le faltaba algo que sí tienen y que también tenía la que consultó Eusebio: el Testimonium flavianum. Por lo tanto Eusebio, que escribía en griego, falsificó el Testimonium flavianum, o bien lo tomó de una copia que tenía la falsificación fresquecita. Otros escritores cristianos anteriores o posteriores a Orígenes que como él escriben en griego, citan a Josefo y no conocen el Testimonium flavianum son Clemente de Alejandría (c150-c215) ,Juan Crisóstomo (347-407) y el patriarca de Alejandría Focio (c820-c891). Así pues, todavía en el siglo IX, en tiempos de Focio, circulaban copias de las Antigüedades judaicas sin la interpolación.
Focio fue uno de los más grandes eruditos cristianos. Entre sus obras está la Mistagogia del Espíritu Santo, primera refutación de la doctrina latina del Filioque que lo enfrentó al papa Nicolás I; y el Myriobiblion o Biblioteca, una colección monumental de resúmenes de doscientos ochenta libros religiosos importantes, gracias a la cual hoy sabemos de la existencia de muchas obras de la antigüedad griega y los primeros siglos del cristianismo que sin ella nos serían totalmente desconocidas. En el Myriobiblion (código 33) escribe: "He leído la Cronología de Justo de Tiberíades que empieza con Moisés y termina con la muerte de Herodes Agripa. Es de lenguaje conciso y pasa a la ligera sobre asuntos que habría tenido que tratar a fondo y así, debido a sus prejuicios judíos pues era judío de nacimiento, no hace la mínima mención de la aparición de Cristo, ni de las cosas que le ocurrieron, ni de las obras maravillosas que hizo. Era hijo de un judío de nombre Pistus y un hombre, según lo describe Josefo, de carácter disoluto". Justo de Tiberíades fue un historiador judío contemporáneo y rival de Flavio Josefo, quien denigra extensamente de él en el apéndice autobiográfico que le añadió a sus Antigüedades. Ya no quedan los escritos históricos de Justo de Tiberíades, se perdieron después de Focio; pero lo que sí queda claro por lo que respecta a éste es que conocía muy bien a los dos historiadores judíos de la segunda mitad del siglo I y que ninguno de ellos habla de Cristo.
La copia más antigua que nos queda de los libros 11 al 20 de las Antigüedades judaicas de Josefo es el códice F 128 de la Biblioteca Ambrosiana, del siglo XI. El que esta copia tenga el Testimonium flavianum significa que proviene de la estirpe de copias falsificadas que se asocian al nombre de Eusebio: Eusebio, obispo de Cesarea, biógrafo de Constantino a cuyo carro de la victoria se montó junto con la Iglesia y autor de la Historia eclesiástica, que es la tercera Historia de esta cortesana, siendo las dos primeras las memorias de Hegesipo escritas hacia el año 180 en tiempos del papa Eleuterio y de las que sólo han quedado los párrafos que cita de ellas justamente nuestro obispo historiador, y los Hechos de los Apóstoles, que son de la misma época de Hegesipo y tan falsos como los evangelios, si es que cabe. Según sostiene la Iglesia con un desfase de cuando menos cien años, los Hechos de los Apóstoles fueron escritos antes de la destrucción de Jerusalén, que fue en el año 70, pero no tiene forma de probarlo. Y para colmo de descaro sostiene que son historia pura y que los escribió Lucas, el autor del tercer evangelio. Pero ni Lucas existió, ni el autor del evangelio que lleva su nombre es el mismo del de los Hechos, ni este engendro que parece libro es historia.
De todos modos si el Testimonium flavianum fuera auténtico y no una interpolación, ¿cómo explicarnos que Josefo, que le consagra a Herodes el Grande 34 capítulos de sus Antigüedades, se olvide de inmediato de Cristo después de lo que ha dicho de él y sólo lo vuelva a mencionar de paso en su fugaz referencia a su hermano Jacobo? Por lo demás, salvo en las dos interpolaciones de las que se ha hablado mucho, en las obras de Josefo no aparece la palabra Cristo con que la Septuaginta traduce al griego (unas cuarenta veces) la palabra hebrea Mesías, que significa "ungido". Es más, tampoco Mesías aparece en las obras de Josefo. Tal vez eso de que los judíos estaban esperando un Mesías sea puro cuento de cristianos. Mesías ya habían tenido muchos, muchos reyes ungidos. Hoy, de todas maneras, ya no necesitan Mesías que los salve, gracias a Dios, pues para eso tienen la bomba atómica.
¿Y quién le contó a Josefo lo de las mil cosas maravillosas de Cristo y que resucitó al tercer día? ¿Acaso un tío? ¿O un abuelo? ¿O su papá, que según él mismo nos cuenta se llamaba Matatías? Porque él, Josefo, no pudo haber sido testigo presencial de las hazañas de Cristo dado que nació algo después de que el Redentor muriera. ¿Y por qué no vuelve a hablar en su extenso libro de la tribu de los cristianos, si según dice "continúa hasta la fecha", o sea hasta el año 93 en que escribe? La plaga de los cristianos, Señor Don Josefo, siempre ha ido en aumento. Hoy son más de dos mil millones y con serias intenciones de expandirse a lo largo y ancho de la Vía Láctea y, no bien rebasada ésta, por las galaxias circunvecinas.
Espurio o auténtico, el testimonio de Flavio Josefo sobre Cristo no tiene valor histórico. Y punto.
Saludos.

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RamonFr
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Cristos

Mensaje por RamonFr el Sáb Nov 27, 2010 1:42 am

Si el nacimiento de Cristo es el que parte la historia en dos, ha tenido que nacer en el año 1 de la era que inaugura. Pero resulta que los evangelios de Mateo y Lucas nos dicen que nació bajo Herodes, y éste murió cuando menos cuatro años antes. Los romanos contaban los años a partir de la fundación de Roma, ab urbe condita. En el siglo VI el monje Dionisio el Exiguo propuso reemplazar la cronología romana por una cristiana, la actual de Occidente: contamos los años antes y después de Cristo, no antes y después de la fundación de Roma. Sólo que Dionisio hizo coincidir el año 1 de la nueva era con el 754 romano sin tener en cuenta que los evangelios de Mateo y Lucas dicen que Cristo nació bajo el reinado de Herodes, quien según la cronología romana murió en el año 750 ab urbe condita, o sea en el año 4 antes de Cristo. De todas formas si Dionisio hubiera hecho coincidir el año 1 de la era cristiana con el 754 de la romana todavía seguirla equivocado ya que Herodes no murió en el instante mismo en que nació Cristo sino más o menos dos años antes, pues según el Evangelio de Mateo cuando el rey judío se enteró del nacimiento de Cristo "mandó matar a todos los niños de Belén y su comarca de dos años para abajo". Dionisio erró pues aproximadamente en seis años. Por lo demás tampoco hubiera podido establecer con exactitud a qué año de la era romana debía corresponder el año 1 de la nueva era que proponía pues simple y sencillamente ningún evangelio nos dice en qué año de la
era romana nació Cristo. ¡Claro que Cristo es un hombre excepcional! Nació seis años antes de sí mismo. Todo lo que hace Dios es perfecto: el mar, el cielo, la tierra, los animales comiéndose unos a otros y el hombre a los animales... Ni siquiera fue capaz de dictarles a sus escribas la fecha en que nació su Hijo único. ¡Ni que hubieran sido tantos!
Deduciendo de las fechas inciertas de unos textos inciertos otras fechas inciertas para otros textos inciertos los exegetas lacayos al servicio de la Iglesia han establecido el formidable engaño de la cronología cristiana: una telaraña deleznable y pringosa que no tienen de dónde colgar. La verdad es que hoy nadie sabe dónde, como no sea en el Imperio Romano; ni cuándo, como no sea en un lapso de ciento veinte años cuando menos, fueron escritos los evangelios canónicos, que junto con algunos de los despreciados evangelios apócrifos son los únicos textos que dan detalles concretos de la existencia de Cristo: que nació en Belén de la estirpe del rey David, que su infancia transcurrió en Nazaret, que empezó su vida pública hacia los 30 años y demás mentiras burdas que les hacen tragar a los niños cristianos con la sopa. Cristos en un comienzo hubo muchos: un Cristo de los nazarenos, un Cristo de los ebionitas, un Cristo de los elkesaítas, un Cristo de los adopcionistas, un Cristo de los docetistas, un Cristo de los gnósticos, un Cristo de Basílides, un Cristo de Cerinto, un Cristo de Carpócrates, un Cristo de Pablo, un Cristo de Juan, un Cristo de Mateo, un Cristo de Marcos, un Cristo de Lucas, un Cristo de Marción... Hoy no hay más que uno: el de la Iglesia, una mezcla confusa del de Pablo con los cuatro Cristos de los evangelios canónicos. Carpócrates sostenía que Jesús era hijo de José y que sólo difería de los restantes hombres en que por tener el alma pura recordaba perfectamente lo que había presenciado en la esfera del Dios increado, al cual volvía después de su paso por el mundo. Cerinto sostenía que Jesús fue un ser humano normal hasta su bautismo, cuando un Cristo divino descendió sobre él y empezó a actuar a través de él, pero para terminar abandonándolo poco antes de la crucifixión y dejándolo a su suerte en la cruz. Los ebionitas rechazaban la divinidad de Cristo. Los adopcionistas decían que Jesús fue adoptado por Dios en algún momento de su vida. Los docetistas sostenían que el cuerpo de Cristo parecía de ser humano pero que en realidad estaba hecho de una substancia celestial. Los gnósticos cristianos decían que Jesús no tuvo un cuerpo material y que les transmitió una sabiduría esotérica a unos cuantos discípulos.
Basílides decía que Cristo era el Nous, la primera emanación del Padre increado, que después produjo el Logos, que produjo a Fronesis, que produjo a Sofia y a Dínamis, que produjeron a los ángeles, y todo esto en el pleroma o reino de la luz; y que Cristo no murió sino que engañó a los romanos haciendo que crucificaran a Simón de Cirene en su lugar mientras él, tomando la forma de éste, se burlaba de ellos. Los ebionitas veían a Cristo como un Mesías simplemente humano, lo retrataban como vegetariano y contaban que rechazó la carne que le ofrecían en la última cena. Marción decía que el Dios de los judíos era el creador y legislador del mundo, un Dios maligno, contradictorio, inconstante, belicoso, iracundo, vengativo, autor de todos los males físicos y morales, y que por contraposición a él un segundo Dios que está por sobre el otro era el Dios del amor, cuyo hijo Jesús vino al mundo en Judea en tiempos de Poncio Pilatos a abolir la Ley y los Profetas o Biblia judía, pero sin nacer de la Virgen María sino apareciendo de repente en la sinagoga de Cafarnaún con apariencia humana, la cual mantuvo hasta su muerte en la cruz. Marción condenaba el sexo porque conduce a producir más gente y a perpetuar el horror del mundo.
Tan pronto se montó la Iglesia al carro del poder de Constantino empezó a quemar papiros y pergaminos tratando de destruir todo vestigio de esos Cristos que no coincidían con el suyo, la quimera que malparió juntando los de los cuatro evangelios. Si algo sabemos de los otros Cristos, tan absurdos como el de la Iglesia pero que por lo menos no alcanzaron a hacer daño, es por los refutadores de "herejías" o "heresiólogos", que aparecieron a mediados del siglo II y de quienes nos queda como muestra el tratado de Ireneo de Lyon, San Ireneo, pues: Adversus haereses, que la Iglesia sólo conservó en su traducción latina pues por andar en sus persecuciones y concubinajes dejó perder el original griego. Ya un poco antes de la plaga de los heresiólogos había aparecido otra, la de los "apologistas", cuyo más necio exponente fue Justino Mártir, que les atribuía un cuerpo a los ángeles y que sostenía que el pecado de los ángeles caídos fue su cópula con mujeres: "Los ángeles transgredieron la orden y cautivados por el amor de las mujeres engendraron con ellas hijos, que son los que llamamos demonios" (Apología, 2,5). Sostenía que los demonios enceguecieron a los judíos y los instigaron a infligirle al Logos, manifestado en Jesús, todos sus sufrimientos. Del ayuntamiento de los apologistas con los heresiólogos nació la Iglesia. Ese Logos de Justino, que se traduce al latín como el Verbo, es la misma emanación del pleroma de los gnósticos con que comienza el Evangelio de Juan: In principio erat Verbum et Verbum erat apud Deum et Deus erat Verbum. Y en español: "En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios y Dios era el Verbo". ¡Hermoso! Lástima que Juan no se vuelva a ocupar del Verbo o Logos en lo que resta de su evangelio. ¡Le hubiera pedido que cantara! En fin, si de veras Juan fue el autor de su evangelio, y por añadidura del Apocalipsis y las tres epístolas del Nuevo Testamento que llevan su nombre, ¡era un genio! Un Rimbaud marihuano. Murió viejo. De cien años. En la isla de Patmos. Dicen.
Cristo es un engendro mitológico por Roma, centro del imperio y del mundo helenizado, a partir del año 100, juntando rasgos tomados de los mitos de Atis de Frigia, Dioniso de Grecia, Buda de Nepal, Krishna de la India, Osiris y su hijo Horus de Egipto, Zoroastro y Mitra de Persia y toda una serie de dioses y redentores del género humano que lo precedieron en siglos y aun en milenios y que el mundo mediterráneo conoció a raíz de la conquista de Persia y la India por Alejandro Magno. El cristianismo de los primeros tiempos tuvo que competir con varios de los misterios de Asia Menor y en especial con el mitraísmo, la gran religión del imperio de la que tanto tomó y a la que sólo se pudo imponer con el apoyo de Constantino y sus sucesores, ya bien avanzado el siglo III. Cristo nació el 25 de diciembre de una Virgen, y en la misma fecha, que es el solsticio de invierno, nacieron Atis, de la Virgen Nana; Buda, de la Virgen Maya; Krishna, de la Virgen Devaki; Horus, de la Virgen Isis, en un pesebre y en una cueva. También Mitra nació el 25 de diciembre, de una virgen, en una cueva y lo visitaron pastores que le trajeron regalos. Y de una virgen también nació Zoroastro o Zaratustra.
Atis murió por la salvación de la humanidad crucificado en un árbol, descendió al submundo y resucitó después de tres días. Mitra tuvo doce discípulos; pronunció un Sermón de la Montaña; fue llamado el Buen Pastor; lo consideraron la Verdad y la Luz, el Logos, el Redentor, el Salvador y el Mesías; se sacrificó por la paz del mundo; fue enterrado y resucitó a los tres días; su día sagrado era el domingo y su religión tenía una eucaristía o Cena del Señor en que decía: "El que no coma de mi cuerpo ni beba de mi sangre de suerte que sea uno conmigo y yo con él, no se salvará".
Buda fue bautizado con agua estando presente en su bautizo el Espíritu de Dios, enseñó en el templo a los 12 años, curó a los enfermos, caminó sobre el agua y alimentó a quinientos hombres de una cesta de panes; sus seguidores hacían votos de pobreza y renunciaban al mundo; fue llamado el Señor, Maestro, la Luz del Mundo, Dios de Dioses, Altísimo, Redentor y Santo; resucitó y ascendió corporalmente al Nirvana.
Dioniso también resucitó y fue llamado Rey de Reyes, Dios de Dioses, el Unigénito, el Ungido, el Redentor y el Salvador. Horus fue bautizado en el río Eridanus por Anup el Bautista que fue decapitado; a los 12 años enseñó en el templo y fue bautizado a los 30; fue llamado el "Ungido", la Verdad, la Luz, el Mesías, el Hijo del Hombre, la Palabra Encarnada, el Buen Pastor y el Cordero de Dios; hizo milagros, exorcizó demonios, resucitó a Azarus y caminó sobre el agua; pronunció un Sermón de la Montaña y se transfiguró en lo alto de un monte; fue crucificado entre dos ladrones y resucitó después de ser enterrado tres días en una tumba.
Krishna fue hijo de un carpintero, su nacimiento fue anunciado por una estrella en el oriente y esperado por pastores que le llevaron especias como regalo; tuvo doce discípulos; fue llamado el Buen Pastor e identificado con el cordero; también fue llamado el Redentor, el Primogénito y la Palabra Universal; hizo milagros, resucitó muertos y curó leprosos, sordos y ciegos; murió hacia los 30 años por la salvación de la humanidad y el sol se oscureció a su muerte; resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo y fue la segunda persona de una Trinidad.
Zoroastro fue bautizado en un río con agua, fuego y viento santo; fue tentado en el desierto por el Diablo y empezó su ministerio a los 30 años; expulsó demonios y le devolvió la vista a un ciego; predicó sobre el cielo y el infierno, sobre la resurrección, el juicio, la salvación y el apocalipsis.
El cristianismo no lo fundó nadie en particular, lo fundaron muchos y en muchos lados: en Antioquía, en Alejandría, en Jerusalén, en Constantinopla, en Éfeso. Hablando con propiedad no hay cristianismo primitivo. En un principio hubo varios cristianismos, distintos y hasta contradictorios, obra de varias sectas y cada una con su Cristo. Sin ir más lejos del Nuevo Testamento, el Cristo de Pablo es una entidad teosófica casi sin carne y hueso con todo y que muere y resucita; en tanto el de los sinópticos come y bebe, incluso hasta después de resucitar, pues como hemos visto tan pronto como se les aparece resucitado a los apóstoles les pide de comer y le dan pez asado. Y el Cristo del Evangelio de Juan no es el mismo de los sinópticos. La Iglesia habla de un solo Cristo pero ella sola tiene varios. Y ninguno de los suyos es igual al de los gnósticos. Andando el tiempo una de esas primeras sectas cristianas se acostó con Constantino el sanguinario y se alzó con todo y borró a las otras. Este facineroso al que la Iglesia le debe lo que ha sido y lo que es hoy era hijo de una stabularia: tabernera, y ligera, por no decir otra cosa, Santa Elena. Ahorcó a su suegro, Constantino, se entiende; mandó envenenar a su hijo Crispo, estrangular a sus dos cuñados y ahogar en la pila de baño a su esposa Fausta. Antes de la batalla del puente Milvio contra Majencio vio un signo antepuesto al sol y la frase In hoc signo vinces: con este signo vencerás. El signo eran dos palos cruzados, una cruz. Y de esa cruz la leyenda colgó a un loco. Y por los siglos de los siglos de los siglos.
Saludos.

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RamonFr
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Re: Jesus histórico

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