Fé y Razón

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Fé y Razón

Mensaje por RamonFr el Jue Nov 11, 2010 12:31 am

"Hasta donde puedas, agrega la razón a la fé" dice la última frase de un tratadito sobre la Santísima Trinidad que escribió Boecio a principios del siglo VI. Y aquí es cuando entran los teólogos a aguar la fiesta de la fé. En esa frase aparentemente inocua está la semilla del máximo engendro de la Edad Media, la escolástica, una filosofía pantanosa de sutilezas estériles, escrita en mal latín y puesta al servicio del oscurantismo teísta de los papas, que habría de germinar entre los siglos XI y XIII en las obras de Pedro Abelardo, Pedro Lombardo, San Anselmo, San Buenaventura, San Alberto Magno, Santo Tomás Aquino y Duns Escoto, y que tan despreciada habría de ser a partir del Renacimiento y hasta fines del siglo XIX cuando al condenado de León XIII le dio por revivirla con su encíclica Aeterni Patris. Boecio, famosísimo en la Edad Media por su Consolación por la filosofía, fue comentador y traductor al latín de Aristóteles, quien no supo nada de fé pero a quien se le ocurrió la perniciosa idea de que se puede probar la existencia de Dios por la razón. Y no. La razón, la tan cacareada Diosa Razón del Siglo de las Luces, para eso no sirve, no está hecha para empantanarse en grandilocuencias ociosas.
En los mismos siglos en que los escolásticos cristianos de Occidente adoptaban el racionalismo que Aristóteles había puesto al servicio de la idea de Dios y se lo sumaban a los dogmas religiosos de la fé, lo mismo hacían Averroes en el Islam y Maimónides en el judaísmo. Sólo que ni Averroes ni Maimónides cambiaron en lo más mínimo el curso de sus religiones, que no necesitaban de la razón pues la fé les bastaba. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor zángano que el que no quiere pensar. Ni el Islam ni el judaísmo han necesitado nunca de teólogos. Para ellos Alá y Yavé son axiomas, como para algunos lo es el universo: ahí está y no hay nada que discutir. E igual piensan la Iglesia Ortodoxa, que se escapó de la escolástica, y la Protestante, que habría de surgir con Lutero, enemigo de teólogos y mula terca con tapaojos. A la razón la llamaba "la novia del diablo", "una bella ramera" y "el peor enemigo de Dios". "No hay mayor peligro -escribía- que la razón, especialmente si se ocupa de los asuntos del alma y de Dios, pues es más fácil enseñarle a un asno a leer que acallarla y enderezarla". Y esto otro: "La fé debe pisotear la razón y el entendimiento y taparles lo que ven para que no pretendan conocer nada distinto de la palabra de Dios".
La Iglesia Católica, Apostólica, Romana y Escolástica pretende pues demostrar por la razón la existencia de Dios. En cuanto a la Santísima Trinidad, la divinidad de Jesús, su resurrección y demás dogmas cristianos esenciales está en el mismo caso de las demás Iglesias seguidoras de Cristo, sólo cuentan con la fé, que a su vez depende de la autoridad, que pretende ser dueña de la tradición, que pretende conservar la revelación. Un tal dice que es profeta y que Dios le hizo tal revelación; la tradición empieza a repetir el cuento de la revelación al profeta; para legitimarse la Iglesia se adueña de la tradición y empieza a mandar, a quitar y poner reyes, a vender indulgencias, a exigir diezmos, a pedir limosnas, a quemar herejes y a santificar simplones; y finalmente pretende que tengamos fé en ella y creamos que ella es la dueña de la tradición que preserva la revelación que nos hizo Dios a través de su profeta. Como ve, la fé es el último eslabón de una cadena de argucias y engaños. Revelación, autoridad, tradición y fé son conceptos interdependientes ya que la revelación se debe aceptar por la autoridad, la autoridad por la tradición y la tradición por la fé. En sana lógica es imposible reconciliar razón y fé pues ésta lleva incorporada en sí la negación de aquélla. Si uno cree con los ojos cerrados y a pie juntillas, ¿para qué se tiene que poner a demostrar algo? La fé es rabiosamente antirracionalista. Ahora bien, algunos pueden llegar por la razón a la conclusión de que Dios existe sin tener que creer el rosario de dogmas de la Iglesia: que Jesucristo es el Hijo de Dios y que bajo Poncio Pilatos fue crucificado, muerto y sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos, etcétera, etcétera. Que es ni más ni menos (y me lo creerán) lo contrario de lo que me pasa a mí, que no tengo fé en nada de lo que dice la religión: ni en la virginidad de la Virgen, ni en la existencia divina de Cristo, ni en la resurrección, ni en la transubstanciación, ni en la anunciación, ni en la ascensión, ni en la transfiguración... y tampoco creo en Dios, porque si existe y por lo que se dice de él debe ser malo, vengativo y rabioso, muy proclive a la maldad y ampliamente alimentado de rencores. Que alguien más justo, no Dios, guarde a sus Creyentes.
Saludos.

La Paz Sea por Todas partes.....

RamonFr
Invitado


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